Nuestra piel es un elemento vivo altamente vulnerable al medio que la rodea, tales como cambios bruscos de temperatura y humedad, contaminación ambiental, y otros agentes externos, pero muy especialmente sensible al humo del tabaco.

El humo del tabaco disminuye la oxigenación de los tejidos. La nicotina y el monóxido de carbono castigan gravemente a la salud y la integridad de nuestra piel, ya que la nicotina provoca una vasoconstricción y disminución de la circulación periférica, y el monóxido de carbono, al unirse con la hemoglobina, una restricción del transporte de oxígeno.

Además, el tabaco hace que disminuyan los niveles de vitamina A, lo que produce cambios en la cantidad y calidad de colágeno y elastina. Lo que deriva en la deshidratación de la epidermis y propiciando la aparición de arrugas a una edad más temprana y derivando en un cutis opaco, apagado y grisáceo.

No comenzar a fumar es la decisión correcta y más responsable, pero si ya es tarde,  dejar de hacerlo es la única solución para recuperar la salud de nuestra piel, junto a un aporte alimenticio rico en vitaminas E y C, para paliar los efectos de la nicotina y un uso de cosméticos antioxidantes.

Promoción vigente hasta el 24 de abril